Cuba: mirando atrás y adelante

por nstor

Cuba: mirando atrás y adelante

 

Por Saul Landau y Nelson P. Valdés (Primera parte.)

En el 2012, la Casa Blanca se concentrará en el más importante de los asuntos internacionales y nacionales: la reelección del presidente. La política de los Estados Unidos respecto a Cuba caerá en la caja del “Año Próximo”– o el año después de ese.

 

El equipo de Seguridad Nacional regresa a sus posiciones familiares en cuanto a las relaciones con esa problemática isla: la ignorancia y la arrogancia. Pocos norteamericanos, incluso en el servicio exterior, saben que la revolución cubana comenzó en 1868 como una guerra de independencia contra España. España prevaleció en esa guerra, así como la esclavitud duró hasta 1886.

A diferencia de la guerra de 1776 por la independencia, la lucha en Cuba confrontó una cuestión social de envergadura, que los padres fundadores de los Estados Unidos rehuyeron –hasta la guerra civil de 1861. En enero de 1959, tras casi 100 años de combate en intervalos, las guerrillas del 26 de Julio marcharon a La Habana como vencedores del round decisivo.

 

Los revolucionarios llevaban consigo otra plataforma ancestral: la justicia social y la igualdad. Los cubanos sabían bien como Washington había actuado como obstáculo para sus destinos. Para 1898, los independentistas casi habían derrotado a España. Los EEUA intervinieron para impedir eses propósito.

 

Washington impuso la Enmienda Platt en la constitución de Cuba, concediéndose el derecho de intervenir en los asuntos cubanos y una base naval en Guantánamo –ahora una prisión y centro de torturas. Los Estados Unidos se inmiscuyeron varias veces durante el siglo XX para alterar el destino de la isla, incluyendo los sucesos que siguieron al derrocamiento de la dictadura de Machado: impedir que los revolucionarios alcanzaran la soberanía.

 

Ese ejercicio político-militar llevó a la era de Fulgencio Batista (1934-1958) –en la cual reinó un ejército entrenado y sometido por los Estados Unidos. En 1958, sin embargo, Washington perdió la confianza en la capacidad de Batista de detener la revolución social, y empezó a conspirar con una claque de altos oficiales del ejército para reemplazar a Batista por una junto – a lo 1934.

 

La victoria de los revolucionarios en 1959 cambió el destino de Cuba. En 1960, tras consolidar el poder, hicieron de “Patria o Muerte” su lema nacional, refiriéndose a un objetivo largamente buscado. Los revolucionarios de los años 30 se unieron a los rebeldes de los 50 en un programa de unidad: construir una nación orgullosa, saludable e instruida, unida por ideales de justicia social, igualdad y soberanía.

 

A los cubanos se les ofreció la oportunidad de convertirse en actores en el escenario de si propia historia. Millones dejaron sus hogares para alfabetizar o se unieron a las milicias o asociaciones voluntarias para transformar la isla de la dependencia y el subdesarrollo a un desarrollo saludable. La tradición revolucionaria cubana asumió que una nación soberana usaría sus recursos para beneficiar a su pueblo.

 

La tierra fértil y los trabajadores industriosos proveerían a todos de un estándar de vida decente. La pobreza, muchos pensaban, se debía a la explotación doméstica o extranjera. Las primeras leyes que restringieron las propiedades de los terratenientes cubanos o extranjeros permitieron al gobierno distribuir recursos y servicios a la población, lo cual le dio más legitimidad a los revolucionarios. Pero la riqueza acumulada de Cuba resultaría superficial comparada con sus necesidades.

 

Durante las primeras décadas, los hijos de los cubanos analfabetos consiguieron licenciaturas y se hicieron doctores y soldados que se ofrecieron para cambiar los destinos de países de África y América Latina. Otros realizaron tareas voluntarias de construcción y agricultura. Para mediados de los 70, Cuba estaba alfabetizada y saludable. Para cumplimentar las abrumadoras tareas del desarrollo, los líderes revolucionarios habían aceptado la ayuda soviética.

 

Este matrimonio difícil pero conveniente, del 1972 al 85, incluyó adoptar los modelos administrativos y económicos soviéticos. Para Cuba, eso significó préstamos ventajosos, asistencia técnica, líneas seguras de aprovisionamiento y un mercado favorable a sus productos. Mientras que la mayoría de los países del tercer mundo transferían capitales a los países desarrollados, el acuerdo cubano-soviético revertía el patrón, permitiendo a la isla tener soberanía, justicia social y relativa igualdad.

 

Los cubanos se hicieron también artistas, escritores y atletas de fama mundial. Para los soviéticos, Cuba se convirtió en un instrumento legitimador para mantener la credibilidad entre los pueblos del tercer mundo, jugando el papel de corredor de las posiciones soviéticas en los encuentros tercermundistas. El 26 de julio de 1989, sin embargo, Fidel Castro advirtió de la caída inminente del bloque soviético.

 

Los cubanos tenían que prepararse. El enemigo a 90 millas se dibujaba como una amenaza constante a los objetivos de la revolución. En 1991 murió la Unión Soviética. Sin la ayuda y el intercambio soviéticos, ¿podría sobrevivir la economía cubana? La alternativa impensable, rendirse a los norteamericanos, llevó a los líderes cubanos a diseñar el “período especial” – una lucha cotidiana por la supervivencia.

 

La euforia prevalecía en Washington. Los estudiosos anunciaban “el fin de la historia”, el capitalismo había ganado –bueno, si se ignoraban los desastres cíclicos. Las computadoras y el internet construirían un nuevo mundo. China y Vietnam ya había abandonado el comunismo – en todo menos el nombre. Cuba era el “estado jurásico”. Sin siquiera socios comerciales de importancia, los líderes de Cuba confiaron de inicio en abstracciones: el honor nacional, el patriotismo y el sacrificio compartido, armas apenas adecuadas para combatir una caída del 32% del PBN en un año.

 

Las circunstancias dictaron que Cuba ganara dinero con el turismo extranjero, que requería una fuerza laboral dirigida al servicio –incluyendo la prostitución. Cuba permitió las remesas, lo cual creó desigualdad. Los trabajadores cubanos ganaban menos que los que no trabajaban y eran recompensados por sus familiares en el extranjero. Cuba empezó a percibir dólares por servicios de salud y educación en el extranjero. A su vez, esto redujo el alcance y la calidad de la educación y la salud en el país.

 

Los niveles de vida cayeron. El robo, el mercado negro y la corrupción ligada a la burocracia crecieron. Aquellos demasiado jóvenes para experimentar los días del consumo subsidiado se volvieron pesimistas –incluso cínicos- y desesperados respecto a su futuro. La queja alcanzó niveles teatrales. Mientras los líderes repetían viejos slogans, los adolescentes que pasaban junto al lema “Seremos como el Che”, dirían “Sí, asmáticos”.

 

Algunos optaron por irse en balsas a la Florida. Mientras tanto, los revolucionarios mantuvieron el poder político y resistieron dos décadas de esfuerzos contrarrevolucionarios desde afuera. Para el 2001, la economía cubana y sus esfuerzos administrativos habían empezado a caer en la disfunción. Los niveles de corrupción se hicieron intolerables; el antes excitante guión revolucionario sonaba trillado.

 

Cuando Hugo Chávez se hizo presidente de Venezuela, le dio a Cuba ayuda y alianzas políticas. Adicionalmente, la América Latina aceptó a La Habana como su socio con plenos derechos, concluyendo así el aislamiento de Cuba. Recientemente, el Partido Comunista de Cuba revisó la economía. UN nuevo guió empezó a surgir como parte de una serie de lineamientos.

 

Algunos cambios han empezado a afectar los derechos sobre la propiedad, el comercio nacional y las inversiones. En el 2012, los líderes cubanos podrían forjar una nueva misión, rehacer a los cubanos como la inspiración – si no los salvadores- de la vida humana en el planeta. Parte de la población cubana vibra aún con el deseo de actuar en el escenario mundial con un guión que tenga en cuenta las necesidades de los pueblos. ¡Imagínense a Cuba dirigiendo una revolución verde por la supervivencia!

 

Tienen la ciencia, la experiencia y la organización. ¿Pasará el liderazgo la antorcha a aquellos que tienen la energía y la voluntad de llevarla?

 

. El filme de Saul Landau QUE SE PONGA DE PIE EL VERDADERO TERRORISTA se exhibe en el Smith College, 16 de febrero. Nelson Valdés es Profesor Emérito de la Universidad de Nuevo México y director de Cuba-L.

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