70 AÑOS

por nstor

70 AÑOS

Por: Dr. Néstor García Iturbe

Hoy 26 de febrero del 2010 cumplo 70 años de edad.

Recuerdo mis primeros años en el Barrio de Juanelo. Mis padres, abuelos, tíos y primos. También mis vecinos

 Las excursiones a las fincas propiedad de mi abuelo. Los viajes a la Playa de Guanabo. Los dominicales juegos de pelota en el arenal en el equipo que dirigía Pello, que en aquellos días no era el Afrocán, era el talabartero. La forma en que nos “colábamos” en el cine, el Gardel o el Vanidades. El traslado en tranvía, colgado en la parte trasera y con el “trole” en la mano para desconectarlo en cuanto vinera el conductor. Las travesuras en el barrio, que nunca podían llegar a oídos de mis padres, pues entonces pagaría bien caro lo que había hecho.

 Los años de estudio en el Instituto Edison, donde en el Primer Grado implanté un record difícil de superar, todos los días me dejaban de penitencia. La profesora Margot Rodriguez, de Primero B, me puso el sobrenombre de “El hijo de…su padre”.

 Cuando una maestra, teniendo yo ocho años, me preguntó si yo creía en Dios, le respondí negativamente y al día siguiente la misma fue reprendida por la Directora del Instituto Edison, diciéndole que a esa escuela asistían católicos, hebreos, masones, comunistas y todo aquel que pudiera pagar la mensualidad y a nadie le interesaba en lo que creyeran.

 Considero que el Instituto Edison ayudó grandemente en mi formación, tanto académica como política. Todos los viernes se efectuaba el Acto Cívico, la banda del centro tocaba el Himno Nacional y el Himno Invasor, lo cual me llenaba de emoción, como aún me llenan. Se conmemoraban las fechas patrióticas, los veteranos de la Guerra de Independencia hablaban en algunos actos.

Uno de los actos que más me emocionaban era el Juramento a la Bandera, aún recuerdo que comenzaba… Bandera. Bandera de mi patria, eres el símbolo de la nación cubana y representas las lágrimas y los sacrificios de un sangriento pasado, las realidades del presente y las ilusiones de un luminoso porvenir. Nosotros juramos…. y así continuaba.

 La Escuela de Comercio del Edison estaba afiliada a una universidad estadounidense, el Fairleigh Dickinson College, por lo que además del beneficio del idioma inglés, también teníamos una cuota del “american way of Life” que se pretendía permaneciera en nuestro cerebro. Algunos profesores hacían su trabajo para contrarrestar aquella inyección, los hermanos Fernández Roig, el hijo de uno de ellos, Roberto Fernández Retamar, el profesor Del Llano y otros más que harían una larga lista.

Puede decirse que en general, en el Instituto Edison se respiraba un ambiente patriótico. Aquel ambiente patriótico se tornó en revolucionario a partir del asalto al Cuartel Moncada. Comenzó la aparición de volantes contra Batista, a pesar de que en el centro estudiaban hijos de funcionarios de la dictadura y otros que por su nivel económico no se interesaban mucho en la política.

Se formaron grupos afines a las distintas tendencias que de una forma u otra luchaban contra Batista. Mi grupo era pequeño, como toda célula que no quiere ser descubierta, lo formábamos Hipólito Labastida, Eduardo Bosh y yo. Puedo decir sin temor a equivocarme que todos los cohetes que con cierta regularidad explotaban en los baños del Edison, eran obra de ese grupo, volantes en las aulas, al igual que la riega e bisulfuro de carbono, que Ana María, la Directora dijo tenía poder explosivo!!!

 Además de participar en manifestaciones estudiantiles, durante el último año en el Edison, por la noche asistía a la Escuela Profesional de Comercio de la Habana, un centro que estaba “caliente “, con una composición distinta en el alumnado, donde la actividad revolucionaria era prácticamente todos los días.

Allí ingresé en el Movimiento 26 de Julio, eso elevó el nivel de mis actividades, aunque continuaba participando en las actividades del Edison. Ahora vendía bonos, distribuía el periódico Sierra Maestra, salía en manifestaciones desde la Universidad y el propio plantel, me entrenaba en el uso de armas, ahora los cohetes se habían convertido en bombas. En ocasiones salía en la moto con “El Bombero Rojo”, un hermano de Eddy Sánchez que tiraba las bombas desde una moto roja que tenía. Otros compañeros de M-26-7 eran Nelson Domínguez, Luis Valdés, Arsenio Rodicio, Enio Leyva, Raul Taladrid, Otto Diaz, Eloisa Balleter, Pedro Ortiz Anaya ( que después se marchó del país), Orlando Serradet y muchos otros más que pido me excusen si no los nombro.

La vinculación Edison-Escuela de Comercio de la Habana implicó que mis actividades en el Edison también subieran de nivel y buscara apoyo para algunas de la Escuela de Comercio. Recuerdo que logramos, Bosh y yo, que un profesor de Química del Edison, conocido como el Dr. De la Mata, nos preparara una solución química que destruía el papel, la cual utilicé en la Escuela Profesional de Comercio para eliminar algunos archivos donde se guardaba información sobre los revolucionarios de la Escuela. Después del triunfo de la Revolución conocí que aquel profesor no se llamaba De la Mata, era un exilado español que había llegado a Cuba clandestino, huyendo del régimen de Franco, pienso que por eso fue tan fácil “reclutarlo”, el hombre estaba reclutado desde hacía mucho.

 Recuerdo el acto patriótico que se efectuó en el patio del Edison en honor a los Mártires del 13 de Marzo. El acto fue tres o cuatro días después del ataque a Palacio. Asistimos más de doscientos alumnos, entre ellos Chepo, el hijo de Menelao Mora, muerto en el asalto.

Recuerdo también el día que asesinaron a Fontán, el 9 de febrero de 1958. Estábamos esperándolo en la Escuela de Comercio cuando llegó la noticia de que había aparecido asesinado en las afueras del Palacio de Justicia, lo que hoy es el Comité Central del Partido.

Prácticamente estábamos en la Escuela de Comercio todos los miembros del 26 de julio. Aquella noticia nos llenó de la natural indignación, sacamos de las aulas al alumnado, dimos un acto en la escalinata de la Escuela y de ese lugar salimos en manifestación por toda la calle Ayestarán en dirección a Carlos Tercero.

Las ventanas de cristal de los establecimientos volaban en pedazos, para destruirlas utilizamos piedras, tanques de basura de 55 galones, pedazos de cabilla, cualquier cosa. La manifestación pedía “La cabeza…de Batista”, los gritos de “Batista Asesino” se escuchaban a todo lo largo de Ayestáran.

 Paralizamos el transporte que corría por dicha calle, se le dio candela a los latones de basura que se situaban en medio de la vía. Se unieron a la manifestación vecinos del lugar y hasta personas que venían en las guaguas.

 A mi lado caminaban entre otros compañeros tres hermanas conocidas como “las polaquitas”, eran de apellido Bueno, Tacla, Vicky y otra cuyo nombre ahora no recuerdo. Aquellas mujeres cargaban los tanques de 55 galones como si fueran plumas y se los disparaban a cualquier vidriera que aún estuviera sana.

Cuando llegamos a Carlos Tercero allí nos esperaba la policía de Batista, con sus armas en la mano, el “club” de reglamento o el famoso “bicho de buey”, los chivatos y los bomberos con sus mangueras para tirarnos agua.

La lucha era desigual, como siempre lo fue cuando una manifestación estudiantil se enfrentaba a la policía de Batista, pero aquella noche la manifestación venía con bríos adicionales, algunos estábamos preparados con palos, piedras y cualquier cosa que pudimos recoger en el camino.

Nos enfrentamos e hicimos resistencia, nos dieron una buena cantidad de palos y bichazos, pero también dimos. Finalmente abandonamos el lugar, adoloridos por los palos, pero satisfechos de que la muerte de Fontán en cierta manera había sido reivindicada.

A partir de ese momento se decretó la Huelga estudiantil en la Escuela Profesional de Comercio de la Habana, la cual duró hasta el triunfo de la Revolución. Algunos alumnos rompieron la Huelga, asistían a clases poniendo sus intereses individuales por encima de los colectivos de la revolución y el estudiantado.

Cada cierto tiempo un pequeño grupo del Movimiento 26 de Julio entrábamos en la Escuela y por métodos “no persuasivos” sacábamos a los rompehuelgas de las aulas, en ocasiones teníamos que escaparnos por el fondo del plantel, pues la administración del mismo, nombrada por Batista, llamaba a la policía en cuanto se formaba la revuelta.

Aquellos que tienen en su expediente el estigma de haber asistido a clases después del 9 de febrero de 1958, cuando triunfó la Revolución se denominaron “congelados”, pues sus notas se congelaron por un año, después del cual podían reanudar sus estudios. Las circunstancias que los obligaron a concurrir a las aulas pueden ser variadas, pero en realidad considero que no tenían justificación para hacerlo. Muchos de ellos se integraron de lleno a la Revolución y la han servido con una total entrega.

Muchos otros recuerdos acuden a mi mente sobre las actividades en la Escuela de Comercio. La manifestación en la Universidad el día que hirieron a Otto, que desde ese día le dicen “el cojo”, la venta de cerca de 5,000 pesos en bonos durante una operación en la calle Muralla que es un ejemplo de operación de espionaje, el estudio que realizamos un pequeño grupo para abrir un frente guerrillero en las Escaleras de Jaruco, la visita a mi casa de Esteban Ventura Novo , la detención de un grupo donde me encontraba que fue llevado a la 14 estación de policía, residencia de aquel sicario apodado “El Niño Valdés” por su semejanza con el que fuera boxeador de los pesos pesados.

¡Y TRIUNFÓ LA REVOLUCIÓN!

 No voy a seguir ahora este relato de mis 70 años. Creo que en otra oportunidad tendré tiempo de continuarlo hasta llegar a los 70 o quizás cuando lo termine estaré en los 75.

 Reconozco que me faltan muchos relatos, entre otros actividades y anécdotas que seguramente los harán reír y otras que los harán llorar. Debo haber omitido nombres de compañeros que también estuvieron involucrados en alguna de estas actividades, pido perdón por eso. Si alguien quiere hacer su aporte, prometo que modificaré lo aquí escrito.

Insisto que solamente son actividades donde yo estuve involucrado, mi pequeño aporte. Se realizaron muchísimas otras, de más significación, de más valor, en las cuales yo no participé, por eso no las menciono, ni a los que las realizaron.

Antes de terminar y para que ustedes también tengan una idea de mi claridad política en aquellos momentos. Recuerdo que en los primeros días de enero de 1959, una noche estábamos en la Escuela de Comercio de la Habana y llegó un compañero que lo enviaba la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio. El objetivo del compañero era organizarnos para la lucha. Yo le pregunté que de cual lucha nos hablaba, pues ya la Revolución había concluido.

 Aquel compañero, con mayor visión que nosotros, dijo que ahora era que comenzaba la Revolución. Tengo que confesar que fue necesario pasaran algunos meses para que yo comprendiera el verdadero significado de las palabras de aquel compañero.

Néstor

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